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La construcción
de lugares, personajes y relatos, de un mundo de ficción
para la entretención y alegría de los niños es, sin lugar
a dudas, un arte entre los artes. Esta compilación no sólo
reúne aquella literatura infantil realizada específicamente
para su recreación, y de la cual nuestro país no cuenta
con una tradición mayor de treinta años, sino la que por
su belleza, su temática y calidad literaria alcanzaron notable
significación en el mundo de los infantes. Su autora, Beatriz
Helena Robledo, define sus alcances en la presentación de
la colección de la siguiente manera: "Aunque este libro
no pretende ser un inventario historiográfico, sí ha procurado
recuperar una producción específica a través del tiempo,
con varios propósitos: uno, devolver a los pequeños lectores
la literatura que les pertenece y que podría provocarles
placer estético. Otro, enriquecer su imaginario con las
manifestaciones más propias de nuestra cultura. Y por último,
un propósito para el lector adulto: acercarlo a esa transformación
de la noción de la infancia que las diferentes generaciones
de intelectuales, escritores y poetas han reelaborado durante
los diferentes momentos históricos". Treinta y cinco exponentes
de este dificilísimo oficio comparten estas páginas. Viejos
como Ricardo Silva y Santiago Pérez Triana; no tan viejos
como María Eastman y Alfonso Bonilla Naar y nuevos como
Luis Darío Bernal y Yolanda Reyes aportan sus creaciones
a este mundo de ensueños para chicos y grandes. s comunes.
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