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La palabra
que habla, que persuade, que motiva, que convence, que desgraciadamente
muchas veces miente, que fluye y de diluye, que tiene eco,
que convoca en la plaza pública; la palabra de los grandes
oradores de nuestra historia, en un país político donde
"se suponía que el buen decir garantizaba honradez e inteligencia",
discurre con elegancia por estas páginas. Allí están Rafael
Uribe Uribe con su voz de aguerrido combatiente solitario;
el verbo polémico, vehemente, sin grises, de un orador-espectáculo
como Laureano Gómez; la versatilidad para mandar y conciliar
de Gabriel Turbay; la aparente negligencia inicial y posterior
lógica punzante del maestro Darío Echandía, el carácter
impredecible y rebelde de Carlos Arango Vélez, y la claridad
y consistencia lógica de Alberto Lleras. Antonio Cruz ha
reunido treinta y seis piezas oratorias que nos permiten
"oír las fascinantes andamiajes y las variopintas pasiones
de quienes , para bien o para mal, han configurado con su
verbo exquisito una buena parte de nuestra patria. Un país
de lengua altisonante, irresponsable incluso y a veces gratuita
tanto para el ataque como para la alabanza, pero de la cual
hoy sentimos nostalgia en medio de tantas balas fraticidas.
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